Una Tarde de esas...
Porque cuando vive, que sabe que respira
o lo indica el pensamiento...
... Porque al abrir los ojos, me deviene una pared, junto auna ventana;
por donde oteo los árboles, que no saben que los quiero.
...Poque cuando uno vive razonando explicaciones,
se entretiene la mente con el tiempo y nada más.
Pues no hay jueces que detengan las verdades.
Y sin final, la razón va sentenciada,
sentenciada a correr con las palabras;
el paliativo de un deseo sin respuesta.
...¿ Por qué, esta mente caprichosa de preguntas,
me tortura con sentencias que no aprende?.
¿ Por qué, busco en el otro una intención,
que resuelva para mi la inquisición?.
Me agrieta el ello, pues trasfiere decisiones que mi yo,
hace tiempo a descartado.
Un buen basta le falta a tanto ruido,
pues no hay nada, ni atrás de los silencios...
... Tal vez, las vueltas que propone mi tristeza,
sean la calma que le presume a mi ansiedad.
No hay nada más allá del desconcierto,
que exite a una paz que no contengo.
No hay nada, ni siquiera las palabras,
que consuelen esta lúcida velada.
Y es la muerte el silencio de ese estruendo,
para que al fin retoce mi mirada.
No la quiero a mi mente resignada,
pero a veces este llanto, me dice que no hay nada.
Porque el líquido que brota de mis ojos,
es mi amiga que limpia su morada. J.G.
Porque cuando vive, que sabe que respira
o lo indica el pensamiento...
... Porque al abrir los ojos, me deviene una pared, junto auna ventana;
por donde oteo los árboles, que no saben que los quiero.
...Poque cuando uno vive razonando explicaciones,
se entretiene la mente con el tiempo y nada más.
Pues no hay jueces que detengan las verdades.
Y sin final, la razón va sentenciada,
sentenciada a correr con las palabras;
el paliativo de un deseo sin respuesta.
...¿ Por qué, esta mente caprichosa de preguntas,
me tortura con sentencias que no aprende?.
¿ Por qué, busco en el otro una intención,
que resuelva para mi la inquisición?.
Me agrieta el ello, pues trasfiere decisiones que mi yo,
hace tiempo a descartado.
Un buen basta le falta a tanto ruido,
pues no hay nada, ni atrás de los silencios...
... Tal vez, las vueltas que propone mi tristeza,
sean la calma que le presume a mi ansiedad.
No hay nada más allá del desconcierto,
que exite a una paz que no contengo.
No hay nada, ni siquiera las palabras,
que consuelen esta lúcida velada.
Y es la muerte el silencio de ese estruendo,
para que al fin retoce mi mirada.
No la quiero a mi mente resignada,
pero a veces este llanto, me dice que no hay nada.
Porque el líquido que brota de mis ojos,
es mi amiga que limpia su morada. J.G.

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