Aquella vez..., en la que me di cuenta, del maquiavélico juego social que había instaurado el humano. En ese in dominable esquema que lo estructuro la acción de sobrevivir e ir descubriendo el manejo de su percepción y el dominio de sus habilidades. Un largo y estrafalario proceso que nos llevó 65 millones de años. Tan solitaria y atadas a las adaptaciones que exigió el medio en su debido momento, fue la evolución humana, que hasta el manejo de la abstracción lo llevó a la conclusión que sus virtudes innatas provenía de lo omnipotente y místico. Tan extraordinariamente dúctiles y perceptivos los humanos, tan dioses de la tierra por su conocimiento y aprovechamiento biológico, que somos; que no nos quedó otro camino que convencernos que semejante criatura, provenía de una creación programada, pragmática y diseñada por una esencia superior. Aun Dios sólo lo crea otro Dios.
Necesitábamos convencernos de que habíamos sido creados; y resolver de una vez por todo, ese impreciso acertijo, que siempre representó el abismo negro de la reflexión.
Pero lamentablemente nuestros antecedentes antropológicos y comunitarios, nos dan otras lecturas. Hablan de un ser con inevitables dependencias físicas y químicas para su desarrollo, provenientes de una adaptación paulatina, combinada con una lenta evolución de los cerebros, favoreciendo en ese aspecto un manejo de la realidad biológica que lo diferenció de los demás seres vivientes.
Fue este el camino primario el que nos llevó a elucubrar con la posibilidad de pudiésemos ser creados y no formados por una cadena evolutiva que nos permitió cuestionárnoslo.
Primero hubo que llegar a pensar, y desde ahí la oportunidad del cuestionamiento y la aceptación de la apreciación, pues si nosotros lo pensamos, existe lo que la mente sugiera; más no existe independientemente de lo que creamos o no. JG.
Necesitábamos convencernos de que habíamos sido creados; y resolver de una vez por todo, ese impreciso acertijo, que siempre representó el abismo negro de la reflexión.
Pero lamentablemente nuestros antecedentes antropológicos y comunitarios, nos dan otras lecturas. Hablan de un ser con inevitables dependencias físicas y químicas para su desarrollo, provenientes de una adaptación paulatina, combinada con una lenta evolución de los cerebros, favoreciendo en ese aspecto un manejo de la realidad biológica que lo diferenció de los demás seres vivientes.
Fue este el camino primario el que nos llevó a elucubrar con la posibilidad de pudiésemos ser creados y no formados por una cadena evolutiva que nos permitió cuestionárnoslo.
Primero hubo que llegar a pensar, y desde ahí la oportunidad del cuestionamiento y la aceptación de la apreciación, pues si nosotros lo pensamos, existe lo que la mente sugiera; más no existe independientemente de lo que creamos o no. JG.

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